Un prejuicio muy extendido afirma que la Humanidad se habría extinguido si los hijos los trajeran al mundo los hombres. Son como delicadas flores que no pueden tolerar el dolor. Pero no es cierto, e incluso lo pueden hacer más que las mujeres. Por una casualidad, unos científicos de la Universidad de Maguncia descubrieron que el proverbial sexo débil también era débil en cuanto se refiere al umbral del dolor. Si un investigador pincha, corta o pellizca piel, músculos o tendones, lo notan antes las mujeres que los hombres.
Los motivos son muy variados. Por un lado juega un importante papel la epidermis de la mujer. Se ocupa de que los estímulos sean antes recibidos por los receptores. En experimentos con animales quedó claro que las hormonas contribuyen a esta circunstancia. Los estrógenos, es decir, las hormonas femeninas, hacen que el organismo sea más sensible. Otra cosa muy distinta le ocurre a su adversario masculino, la testosterona, que se ocupa de mantener una serena relación con el dolor. En lo que se refiere a las torturas corporales, son válidos los clichés del tipo duro y la chica llorosa. Si los hombres y las mujeres sufren conjuntamente, los dos sexos juntos pueden aguantar más que cada uno por separado. El motivo es una simple forma de actuar que pretende impresionar a los demás, pues ni los hombres ni las mujeres quieren quedar como los más débiles.
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