Todavía no está científicamente claro el motivo por el que bostezamos. Antes se decía que era una carencia de oxígeno. Pero posteriormente los experimentos mostraron que los voluntarios que respiraban oxígeno puro no bostezaban menos que sus colegas que lo hacían con aire normal. ¿Entonces el fenómeno no tenía nada que ver con el abastecimiento de oxígeno? Puede que ya que, independientemente de la composición del aire que tengamos a nuestra disposición, en caso de cansancio desciende la presión arterial y el corazón se pone a medio gas; los órganos son menos irrigados con sangre y por ello, automáticamente, con menos oxígeno. Es posible que el aparato respiratorio ponga el freno de emergencia y se provoque el bostezo. Esto puede ocurrir de dos formas: por un lado se respira muy profundamente y de esa forma se absorbe mucho oxígeno. Por otro lado se dilata la caja torácica y se produce en ella una presión negativa que se mantiene lo que dura el bostezo y se ocupa de que fluya mucha sangre por las venas en dirección al corazón.
¿Por qué el “propietario” de unas mandíbulas cerradas no las puede mantener en esa posición cuando ve que otra persona abre la boca en un gran bostezo? En la noche de los tiempos no existía un lenguaje perfeccionado: los hombres se ayudaban de la mímica y los ademanes para comunicarse. Esto era muy útil para que una tribu tuviera un desarrollo común. Además, los hombres tienen la capacidad de compartir los sentimientos con sus congéneres. Cuando alguien llora tendemos a soltar lágrimas y cuando alguien bosteza, nosotros le imitamos.








